Autor/a
Rita Rigolfas Torras
Dietista-nutricionista
Esther Blanco Alcántara
Dietista-nutricionista
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Información práctica

Estructura y función del cuerpo humano
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Los sistemas de la estructura y las funciones del cuerpo humano más directamente relacionados con el sobrepeso y la obesidad son:

La persona, hombre o mujer, de cualquier edad o condición, es un ser multidimensional integrado, único y singular, de necesidades características, y capaz de actuar deliberadamente para lograr las metas que se propone, de asumir la responsabilidad de su propia vida y de su propio bienestar, y de relacionarse consigo mismo y con el ambiente que ha escogido.

 

La idea de ser multidimensional integrado incluye las dimensiones biológica, psicológica, social y espiritual. Todas experimentan procesos de desarrollo y se influencian mutuamente. Cada una de las dimensiones en que se describe a la persona se encuentra en relación permanente y simultánea con las otras, de forma que forman un todo en el qué ninguna de las cuatro se puede reducir o subordinar a otra, ni puede ser considerada de forma aislada. Por lo tanto, ante cualquier situación, la persona responde como un todo con una afectación variable de sus cuatro dimensiones. Cada dimensión comporta una serie de procesos, algunos de los cuales son automáticos o inconscientes y otros, por el contrario, son controlados o intencionados.

Teniendo siempre en mente este concepto de persona, y sólo con finalidades didácticas, se pueden estudiar aisladamente las modificaciones o alteraciones de algunos de los procesos de la dimensión biofisiológica en varias situaciones.

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Cómo se manifiesta
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El sobrepeso  y la obesidad se manifiestan con un aumento de peso progresivo, que va del sobrepeso a los diferentes grados de obesidad (con un IMC de 30 o más). Este exceso de peso comporta un incremento del riesgo de muerte, especialmente por enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer. Además, se asocia a múltiples comorbilidades (diabetes tipo 2, hipertensión, aumento del colesterol LDL —el “malo”— y complicaciones respiratorias y del aparato locomotor) que contribuyen a disminuir la calidad de vida de la persona.

Problemas de salud relacionados con la enfermedad.

Cómo se diagnostica
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Para diagnosticar la obesidad hay que determinar la cantidad de grasa corporal. Para cuantificar la grasa del cuerpo existen diferentes métodos: medir los pliegues cutáneos, impedancia bioeléctrica (es una herramienta precisa para evaluar el agua corporal total y la composición corporal, siempre que no se alteren los factores fisiológicos y de hidratación de la persona), densitometria, etc. La mayoría de estos métodos requieren una infraestructura y una habilidad técnica que impiden su uso en la práctica diaria. Es por este motivo que las sociedades científicas para el estudio de la obesidad han escogido como marcador diagnóstico el índice de masa corporal (IMC), que es la cifra que se obtiene de dividir el peso de la persona expresado en kg por la talla al cuadrado expresada en metros (Kg/m2). Este índice es fácil de determinar y facilita el uso en la práctica diaria. Debe tenerse en cuenta que, aunque el IMC se relaciona muy bien con el exceso de grasa en el cuerpo, en realidad es un indicador de la corpulencia de la persona; así que si se contempla sólo este parámetro, las personas extraordinariamente musculadas pueden ser clasificadas erróneamente como obesas.

Medida de los pliegues cutáneos

Medida de los pliegues cutáneos

 

En función del IMC las diferentes sociedades científicas clasifican el exceso de peso en diferentes grados.

La evaluación de la distribución adiposa (obesidad androide o ginoide) se determina mediante la medida del perímetro de la cintura, puesto que es importante la cantidad de grasa que se concentra en el abdomen ya que parece que tiene una mayor correlación con la grasa perivisceral, es decir, con la grasa que rodea el corazón, el hígado, etc.

Una vez determinado el grado, el tipo de obesidad y los factores causales, se lleva a cabo la planificación terapéutica, que incluye la dieta, el ejercicio físico y, en ocasiones, medicamentos o cirugía adaptada a la persona.

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Tratamiento
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En función de las características individuales como la edad, el sexo, el grado de actividad física, los hábitos alimentarios, la profesión, los horarios, etc., y la presencia o no de enfermedades asociadas, se establece un plan de actuación consensuado con la persona.

  1. Objetivo del tratamiento
  2. Tratamiento de la obesidad y el sobrepeso
  3. Riesgos de un tratamiento inadecuado

 

1. Objetivo del tratamiento

El objetivo del tratamiento del sobrepeso y la obesidad está enfocado a la pérdida ponderal, puesto que existen evidencias que esta pérdida disminuye los factores de riesgo de sufrir varias enfermedades y trastornos y mejora los niveles de tensión arterial; de glucosa y de hemoglobina glucosilada en personas con diabetes; y también mejora el perfil lipídico, puesto que reduce particularmente los niveles de triglicéridos y aumenta los de colesterol HDL (el colesterol “bueno”), que son objetivos prioritarios para mantener y mejorar la salud de la persona.

Para conseguir este objetivo la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) propone:

  • Reducir el peso corporal de un 5 % a un 10 %. Es un objetivo realista, asequible y con unos efectos significativos sobre los factores de riesgo.
  • Perder un máximo del 20 % del peso, de otro modo se podría comprometerse la salud física y psíquica de la persona (perder mucho peso y sobre todo de manera rápida puede ser perjudicial para la salud).
  • Intentar preservar al máximo la nasa muscular y reducir a la vez la grasa corporal.
  • Mantener la disminución de peso a largo plazo.
  • En algunas ocasiones el objetivo debe centrarse en evitar que la persona aumente de peso, por ejemplo en el caso de las personas que están inmovilizadas o con poca movilidad cuyo gasto energético se ve muy reducido.
  • Un punto fundamental es la estabilización del peso, para evitar el efecto rebote (que consiste en aumentar rápidamente de peso cuando se deja una dieta). En algunos casos la persona vuelve al peso de antes de iniciar la dieta o incluso llega a un peso superior. Esta situación es frecuente cuando la pérdida de peso ha sido demasiado rápida debido a dietas inadecuadas y muy estrictas, que conllevan una pérdida exagerada de masa magra o muscular y, por lo tanto, una disminución de las necesidades energéticas. Es por este motivo que cuando la persona deja la dieta y vuelve a la alimentación habitual se engorda con más facilidad.

Perder peso es fácil y muy rápido las dos primeras semanas de dieta, debido a la pérdida de agua; pero el proceso se retrasa y es más dificultoso pasado este tiempo. El tiempo razonable para conseguir el objetivo de reducción de un 10 % del peso corporal son seis meses. Una vez conseguido este objetivo se puede intentar perder más peso siempre que no se comprometa la salud de la persona.

 

2. Tratamiento de la obesidad y el sobrepeso

Para instaurar el tratamiento es necesario evaluar el riesgo que comporta el sobrepeso y la obesidad en una persona determinada y para hacerlo deben estudiarse tres parámetros fundamentales:

  • Grado de sobrepeso u obesidad según el IMC.
  • Obesidad abdominal según el perímetro de la cintura.
  • Presencia de factores de riesgo cardiovascular o comorlididad asociada (hipertensión, aumento del colesterol, etc.)

El tratamiento puede incluir: 2.1 Terapia combinada, 2.2 Terapia farmacológica o 2.3 Tratamiento quirúrgico: cirugía bariátrica

 

2.1 Terapia combinada

 

Es el procedimiento más recomendado en la pérdida de peso y en el mantenimiento:

2.1.1 Alimentación: es la base del tratamiento del sobrepeso y la obesidad.
2.1.2 Actividad física: contribuye a aumentar el gasto energético y a mantener o aumentar la masa muscular y favorece la disminución de grasa corporal.
2.1.3 Terapia comportamental: refuerza la adquisición y el mantenimiento de un estilo de vida saludable.

Este tipo de intervención es el primer paso en cualquier tratamiento terapéutico del sobrepeso y la obesidad; en general, debería intentarse al menos durante seis meses antes de considerar la introducción de cualquier otra estrategia terapéutica.

 

2.1.1 La alimentación

 

Para instaurar una pauta dietética correcta hay que conocer a fondo los hábitos alimentarios de la persona, la forma de vida y la historia clínica.

La dieta que debe prescribirse

Un vez el nutricionista conoce los hábitos alimentarios de la persona con exceso de peso, el estilo de vida y las necesidades nutricionales, se lleva a cabo un plan de alimentación, teniendo en cuenta que:

    • La restricción no debe ser excesivamente severa.
    • A veces sólo hay que reorganizar la alimentación habitual de la persona para obtener buenos resultados.
    • Las dietas de adelgazamiento con una aportación energética que no sea inferior a 1.500 kcal/día contienen todos los nutrientes adecuados, siempre que estén muy estructuradas.
    • En general, la aportación alimentaria debe ser cuantitativamente restringida y cualitativamente equilibrada.

 

Características nutricionales de la dieta

Debe tenerse en cuenta que la alimentación de la persona con exceso de peso siempre se basa en los criterios de la alimentación saludable con reducción de la aportación energética y con pequeñas modificaciones de los siguientes nutrientes: proteínas, hidratos de carbono, lípidos, fibra, vitaminas y minerales.

Ver Imagen: Pirámide alimentación mediterránea

 

a) Reducción energética

La reducción energética de la dieta se hará siempre en función de la ingesta espontánea (energía que la persona acostumbra a ingerir). La SEEDO (Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad) aconseja hacer una reducción de 500 a 1.000 Kcal de la alimentación habitual para conseguir una pérdida de peso que no sea demasiado rápida (de 0,5 a 1 kg por semana) procurando desequilibrar el mínimo posible la dieta.

Así, una persona con una ingesta espontánea de 2.500 kcal/día tendría que hacer una reducción energética diaria de 600 kcal, de forma que la aportación restante sea de 1.900 kcal/día.

 

b) Modificación de nutrientes

  • Proteínas

    Es necesario asegurar una aportación proteica adecuada. El déficit proteico (que no suele darse) podría aumentar la pérdida de masa activa o muscular. Se recomienda que la aportación proteica sea el 15-25 % de la aportación energética, y se aconseja una buena proporción de proteínas de alto valor biológico (carnes magras, pescados, huevos y lácteos desnatados) y de bajo contenido graso.

    La calidad de una proteína se mide por su valor biológico. Una proteína tiene un alto valor biológico cuando presenta todos los aminoácidos esenciales (aminoácidos indispensables que el organismo no produce y que deben obtenerse a través de la dieta) o no esenciales (aminoácidos no indispensables que el cuerpo puede producir de forma endógena a partir de otras proteínas). Existen ocho aminoácidos que se consideran esenciales para los adultos: leucina, isoleucina, valina, treonina, metionina, fenilalanina, triptófano y lisina; y nueve para los niños: los anteriores y la histidina. Si existen deficiencias en uno o más aminoácidos esenciales, la calidad de la proteína es más baja. Todas las proteínas de origen animal (carne, pescado, huevos, lácteos) contienen cantidades suficientes de todos los aminoácidos esenciales, por este motivo son proteínas de valor biológico alto; las proteínas de origen vegetal (cereales, legumbres, etc.), excepto la proteína de la soja, son deficitarias en algún aminoácido esencial y por este motivo tienen un valor biológico bajo.

  • Hidratos de carbono

    La aportación de hidratos de carbono debe constituir aproximadamente el 45-55 % de las calorías totales.

    En general se recomienda suprimir los azúcares sencillos y consumir HC complejos.

  • Lípidos

    En cuanto a los lípidos, se recomienda un consumo de 25-35 % de la aportación energética total. Es conveniente proporcionar pocos ácidos grasos saturados y mantener una aportación adecuada de insaturados.

  • Fibras alimentarias

    La dieta rica en fibra tiene como ventaja la sensación de saciedad que produce en algunas personas, favorece el tránsito intestinal y aumenta la excreción por heces de colesterol.

  • Vitaminas y minerales

    Cuando las dietas son muy estrictas, por debajo de 1.500 kilocalorías, deben complementarse con suplementos de vitaminas y minerales.

    Por debajo de 1.500 kilocalorías es difícil conseguir las aportaciones recomendadas, teniendo en cuenta que este tipo de dietas deben seguirse durante periodos largos de tiempos.

 

Frecuencia de las comidas

Es conveniente fraccionar la dieta en diferentes comidas (tres comidas principales y dos complementarios) para:

    • Mejorar la tolerancia a la glucosa y reducir el colesterol plasmático.
    • Disminuir la necesidad de picar entre horas y llegar a las comidas principales con hambre.

Controles y seguimiento de la dieta

  • Control periódico 

    La experiencia demuestra que el control semanal o quincenal de la persona con sobrepeso y obesidad es indispensable para obtener buenos resultados. El contacto frecuente con el terapeuta es un estímulo para seguir la dieta. 

    La pérdida de peso debe ser aproximadamente de 0,5 a 1 kg por semana, incluso menos en algunos casos.

    A medida que la persona con sobrepeso u obesidad adelgaza, experimenta una sensación de bienestar que la motiva a seguir con la dieta. Las digestiones se alivian, el sueño suele ser más tranquilo, a menudo deja de roncar, se cansa menos y mejora su silueta.

 

2.1.2 Actividad física

 

La promoción de la actividad física debe individualizarse según las capacidades y circunstancias de cada persona; hay que proponer objetivos asequibles que no afecten a la autoestima y aumentar gradualmente la intensidad de la actividad. Por ello, es importante evaluar el grado de actividad física habitual, conocer la disponibilidad y ofrecer propuestas específicas adecuadas a cada persona.

Algunas personas con obesidades severas pueden presentar limitaciones en la práctica de ejercicio físico. Pueden sufrir complicaciones como la osteoartritis o la insuficiencia venosa, que suelen conllevar una menor tolerancia al ejercicio físico; estas personas a menudo necesitan la ayuda de un fisioterapeuta para movilizar los diferentes grupos musculares.

La pirámide de la actividad física de la SEEDO realiza las siguientes recomendaciones:

Pirámide de la actividad física en adultos

 

2.1.3 Terapia comportamental

La terapia comportamental proporciona a la persona técnicas o habilidades para modificar el patrón alimentario, el grado de actividad física y las falsas creencias que contribuyen al exceso de peso. En algunos casos, la atención psicológica y psiquiátrica individual es esencial, puesto que las personas con sobrepeso y obesidad presentan mayor prevalencia de depresión y de trastornos del comportamiento alimenticio.  

 

2.2 Terapia farmacológica

 

La indicación del tratamiento farmacológico de la obesidad, siempre bajo prescripción y control médico, debe tener en cuenta los siguientes criterios:
  • No puede utilizarse como terapia aislada, sino de forma complementaria a las terapias básicas del plan de alimentación, a la actividad física y a los cambios en el estilo de vida o a la terapia comportamental.
  • Sólo se indica a personas con el IMC > 30 kg/m2 o > 27 kg/m2, si existen comorbilidades asociadas y cuando no se han conseguido los objetivos de pérdida de peso únicamente con los cambios en el estilo de vida.

    Actualmente el único fármaco que se ha demostrado eficaz y seguro en el tratamiento de la obesidad y que ha sido aprobado por la Food and Drug Administration (FDA) es el orlistat, que es el principio activo que se comercializa con el nombre de Xenical®. El mecanismo de acción se relaciona con la inhibición de la absorción de las grasas de la dieta en una proporción del 30 %. Esta acción provoca unos efectos secundarios (flatulencia, aumento de deposiciones, excrementos grasos, manchas aceitosas en la ropa, etc.) que generalmente no impiden que la persona mantenga la adherencia al tratamiento.
 

2.3 Tratamiento quirúrgico: cirugía bariátrica

 

 

La cirugía bariátrica es un procedimiento que se aplica a personas con riesgo elevado de infarto, de accidentes vasculares cerebrales, de insuficiencia respiratoria, etc., e incluso de muerte. Consiste en diferentes tipos de intervenciones quirúrgicas sobre el aparato digestivo que tienen por objetivo la reducción de peso. Estas intervenciones consisten en reducir el volumen del estómago; esta reducción provoca la sensación de saciedad con una cantidad de comida menor. Si la persona ingiere más cantidad de comida de la que admite su estómago reducido, se producen vómitos. Algunas técnicas combinan la reducción gástrica con la malabsorción; es decir, interfieren en la absorción de los alimentos y como consecuencia la persona pierde peso.

Las persones candidatas a la cirugía bariátrica deberían tener los criterios de inclusión siguientes establecidos en el consenso de la SEEDO 2011.

 

Criterios de selección de personas con obesidad mórbida candidatos a cirugía bariátrica
- Edad 18-60 años.
- IMC  ≥40 kg/m2 o IMC ≥ 35 Kg/m2 con comorbilidades mayores asociadas, susceptibles de mejorar tras la pérdida ponderal.
- Evolución de la obesidad mórbida > 5 años.
- Fracasos continuados a tratamientos convencionales supervisados.
- Ausencia de trastornos endocrinos que sean causa de la obesidad mórbida.
- Estabilidad psicológica: a) ausencia de abuso de alcohol o drogas y b) ausencia de alteraciones psiquiátricas mayores (esquizofrenia, psicosis), retraso mental, trastornos del comportamiento alimentario (bulimia nerviosa).
- Capacidad para compronder los mecanismos por los que se pierde peso con la cirugía y entender que no siempre se alcanzan buenos resultados.
- Comprender que el objetivo de la cirugía no es alcanzar el peso ideal.
- Compromiso de adhesión a las normas de seguimiento tras la cirugía.
- Consentimiento informado después de haber recibido toda la información necesaria (oral y escrita).
- Las mujeres en edad fértil deberían evitar la gestación al menos durante el primer año poscirugía.

 

Si la persona obesa cumple estos criterios, se puede someter a cirugía. Después de la intervención deberán seguirse las recomendaciones siguientes en la dieta.

 

Dieta de la persona sometida a cirugía bariátrica

La dieta debe estar muy controlada por un dietista-nutricionista, puesto que la ingesta después de la intervención quirúrgica es muy limitada y hay que valorar cuidadosamente los alimentos y las cantidades.

a) Recomendaciones alimentarias generales para el periodo postquirúrgico (SEEDO)

    • Se debe comer lentamente, masticando mucho los alimentos (de 20 a 30 veces).
    • Cada comida debe durar al menos 30 minutos.
    • Dejar de comer cuando se tenga sensación de saciedad o nudo.
    • No continuar comiendo con otro bocado o intentar aliviar esta sensación con un trago de agua, porque pueden provocar dolor intenso o vómitos.
    • No beber durante las comidas; en todo caso, hay que hacerlo media hora antes o media hora después.
    • Ingerir de 1 a 1,5 litros de agua o líquidos sin calorías fuera de las comidas.
    • Evitar tomar bebidas con gas o alcohol durante los primeros meses.
    • Vigilar la ingestión de pieles, espinas y huesos de fruta o de aceituna.
    • Los alimentos ricos en fibra (hortalizas crudas, legumbres, coles, brócoli, cebolla, alcachofas, etc.) pueden tolerarse mal por la disminución de ácido clorhídrico, hecho que dificulta la digestión de estos alimentos, de manera que pueden provocar gases.
    • Los medicamentos deben tomarse triturados —aunque sean muy pequeños— o bien en forma líquida.
    • Evitar el azúcar y las bebidas azucaradas si se observan síntomas del síndrome del dumping.
    • En el caso de vómitos repentinos repetidos o diarreas, hay que contactar con el equipo de salud responsable.
    • Se recomienda no estirarse en un sofá o en la cama justo después de cualquier comida.

b) Durante los tres primeros meses, la persona sometida a cirugía bariátrica tendrá que seguir una dieta progresiva relativamente severa, para adaptarse a la nueva situación del aparato digestivo. En general, durante el primer mes, sólo podrá tomar líquidos. Durante el segundo mes, se añadirán purés. A partir del tercer mes, se indica una dieta de consistencia blanda y de fácil digestión. Siempre hay que respetar los bajos volúmenes de alimento en cada ingesta, comer y beber muy despacio y no deglutir ningún alimento poco o mal masticado, puesto que se retendría en la porción de estómago que queda.

En general, se indican dietas de 800 a 1.000 kcal/día, que deben complementarse desde el principio con vitaminas, sales minerales y suplementos proteicos.

En los casos (la mayoría) en qué gran parte del estómago queda aislado del paso de los alimentos, para evitar anemia se tendrá que administrar vitamina B12 vía intramuscular, una vez al mes, toda la vida.

 

c) Tres meses después de la cirugía, aproximadamente, teniendo en cuenta la tolerancia individual, la persona operada podrá comer de forma casi normal, siempre en la cantidad que acepte el reservorio gástrico, masticando muy bien los alimentos y lentamente. Durante las comidas, sólo podrá beber lo indispensable. Entre las comidas, hay que beber, con tragos pequeños, de 1,5 a 2 litros al día.

Algunos alimentos no se toleran bien y tendrán que evitarse ya que causan retención dolorosa (“nudos”) en la porción de estómago restante, y a menudo también vómitos. Estos alimentos no son los mismos para todas las personas.

Habitualmente las personas operadas necesitan suplementos vitamínicos.

 

d) Seguimiento

Este tratamiento necesita un seguimiento exhaustivo por parte de un experto en nutrición, puesto que existe un elevado peligro de desnutrición. En algunos casos hay que vigilar la aportación energética, puesto que un tiempo después de la intervención hay personas que recuperan peso o no logran el peso objetivo.

    • Los controles medicodietéticos y analíticos se efectuarán a menudo; los intervalos varían de un centro a otro. La primera revisión se suele realizar dos semanas después de la intervención; después, a las seis semanas; a los tres, seis, nueve y doce meses, durante el primer año; semestralmente, hasta el tercer año, y, posteriormente, de forma anual.
    • La pérdida de peso suele ser muy importante los seis primeros meses. Se considera un buen resultado la pérdida de más del 60 % del exceso de peso inicial (respecto del peso teórico). Un 10-15 % de las personas operadas no consigue el objetivo puesto que no cambia de hábitos alimentarios ni de estilo de vida.
    • La mortalidad debida a esta intervención quirúrgica se sitúa en el 0,5-2 %, según el grado de obesidad y las patologías previas de la persona.
    • En algunos casos, pueden aparecer déficits nutritivos, los más frecuentes son de: proteínas plasmáticas, hierro, vitamina D, ácido fólico, tiamina, vitamina B12, otras vitaminas del grupo B, vitaminas liposolubles y algunos minerales como el zinc, el magnesio y el selenio. Estas carencias hay que contrarrestarlas con suplementos farmacológicos adecuados y con un seguimiento cuidadoso, puesto que por la malabsorción o bien porque la dieta es demasiado restrictiva, a veces la persona obesa operada tiene menos apetito y come de manera inadecuada e insuficiente alimentos con nutrientes importantes.

Después de un año o un año y medio, se estabiliza el peso, en general adecuado, si se sigue una dieta de 900 a 1.200 kcal/día.

 

Ver imagen: Pirámide de la alimentación de la persona intervenida con cirugía bariátrica

Fuente: Violeta Moizé

 

3. Riesgos de un tratamiento inadecuado

Actualmente existe una gran proliferación de sustancias, productos, materiales (lugares web, recursos en línea, etc.), métodos y, sobre todo, “dietas” que prometen efectos sorprendentes sobre la salud, y particularmente sobre la pérdida de peso, la mayoría sin ninguna evidencia científica. Estos “tratamientos” pueden conllevar riesgos para la salud.

El Grupo de Revisión y Posicionamiento (GREP) de la Asociación Española de Dietistas y Nutricionistas (AEDN) en su documento de consenso ¿Como identificar un producto, un método o una “dieta milagro”? describe los criterios para identificar estos métodos o productos milagrosos.

La tabla siguiente explica los riesgos y los efectos secundarios de los tratamientos dietéticos inadecuados en el sobrepeso y la obesidad:

Riesgos y efectos secundarios de un tratamiento inadecuado del sobrepeso o de la obesidad
- Inducir cambios en el metabolismo energético que produzcan estados de "resistencia" a la pérdida de peso con la realización de sucesivas dietas.
- Originar situaciones de desnutrición o déficit de diferentes tipos de micronutrientes (vitaminas, oligoelementos, etc.).
- Empeorar el riesgo cardiovascular de los pacientes.
- Favorecer el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria, de enorme gravedad y peor pronóstico que la propia obesidad.
- Transmitir conceptos erróneos sobre la obesidad y su tratamiento. Ello puede cronificar o sistematizar hábitos alimentarios arriesgados.
- Fomentar el sentimiento de frustración afectando negativamente el estado psicológico del paciente con obesidad.
- Retrasar el inicio de un tratamiento adecuado, aumentado el riesgo de morbimortalidad.
- Producir gastos económicos innecesarios, y en algunas ocasiones muy elevados, en productos que no producen los efectos declarados.
- Aparición de diversos síntomas asociados, tales como caída del cabello, debilidad de las uñas, mareos, astenia, etc.

 

3.1 Dietas milagrosas

 

Frecuentemente aparecen nuevas dietas de adelgazamiento, difundidas a través de los medios de comunicación, que tienen en común la promesa de una rápida perdida de peso sin esfuerzo y con resultados extraordinarios. Sin duda, todas las teorías y/o afirmaciones que las defienden carecen de fundamento científico.

En general, son dietas monótonas, desequilibradas y muy bajas en calorías, vitaminas y minerales. Pese a conseguir que el peso disminuya a corto plazo, a la larga pueden conllevar grandes riesgos para la salud de la persona que las sigue, como por ejemplo: déficits nutricionales, pérdida de masa muscular, deshidratacion, alteraciones en el metabolismo, trastornos del comportamiento alimentario, entre otros.

Las personas que siguen este tipo de dietas interpretan la rápida bajada de peso como un éxito, sin tener conocimiento de lo que en realidad sucede. La disminución rápida de peso no se debe a la pérdida de grasa, que es lo que se pretende en una dieta de adelgazamiento, sino a la eliminación exagerada del líquido del tejido muscular que es muy rico en agua. Evidentemente, si la dieta es muy baja en calorías también habrá un porcentaje de pérdida de grasa pero en menos proporción. Por lo tanto, los resultados obtenidos enmascaran la verdadera situación.
En ocasiones este proceso se refuerza con el consumo de diuréticos (fármacos que promueven la excreción de orina), lo que conduce a una todavía más llamativa pérdida de peso.

Estas dietas favorecen el conocido efecto yoyó o rebote, que consiste en la recuperación rápida del peso perdido cuando se vuelve a comer de forma habitual. Este peso recuperado se debe predominantemente a la formación de tejido graso, que es precisamente lo que origina problemas de salud y lo que deberíamos reducir con la dieta.

Algunos ejemplos de dietas milagrosa más conocidas y con más seguidores son: Dieta de la Clínica Mayo, Shelton, Gourmet, Montignac, Hollywood, Atkins, Dr.Haas, Antidieta, dieta del pomelo o de la piña, cetogénicas, dieta del sirope de arce, Dieta de la Zona, etc.

 

 

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Control de la situación de salud
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Para que la persona afectada por sobrepeso o por obesidad lleve una vida lo más normal posible y consiga un nivel óptimo de independencia durante el tratamiento es imprescindible que asuma la responsabilidad de la situación de salud y se implique activamente en el control y la gestión de esta situación. Hay recursos que deben tenerse en cuenta para la mejora de la salud y la calidad de vida, tanto de la persona afectada como de las personas significativas de su entorno.
1. Las fuentes de información; 2. El seguimiento y el autocontrol; 3. Terapias complementarias.

 

1. Las fuentes de información

Actualmente disponemos de información abundante. La información sobre el sobrepeso y la obesidad puede ser compleja y confusa. La manera de encontrar información precisa y actualizada es acudir a fuentes fiables y prestigiosas, como por ejemplo revistas especializadas, centros y organizaciones especializadas en obesidad y sobrepeso y sus lugares web, organizaciones de profesionales de la salud y agencias gubernamentales. Es de especial importancia que las fuentes de información que se usan de Internet sean seguras y de calidad; en este sentido, hay instrumentos de apoyo fáciles de utilizar para todos los públicos, como el cuestionario para evaluar lugares web sanitarios según criterios europeos, que ayudan a discriminar si una fuente es fiable o no (video).

Hay que poner especial atención en las revistas de divulgación y algunas páginas web que pueden empujar a los adolescentes a conductas alimentarias erróneas, que pueden ser un factor de riesgo de trastornos del comportamiento alimentario.

 

2. El seguimiento y el autocontrol del sobrepeso y la obesidad

Las visitas de seguimiento son imprescindibles para observar la evolución de la persona (pérdida de peso adecuada, mejora de los factores de riesgo asociados, práctica de actividad física y modificación de la pauta del plan de alimentación si es necesario) a lo largo del tratamiento y para mantener un buen grado de motivación. Hay que aprovechar cada una de los encuentros con el equipo de salud para reforzar la dieta y realizar educación alimentaria y nutricional para favorecer la adquisición de unos hábitos alimentarios y un estilo de vida saludables.

El autocontrol se basa en que la persona con sobrepeso u obesidad pueda variar su alimentación y tener flexibilidad en algunas situaciones (compromisos sociales, fiestas, etc.), por esto hay que darle de una serie de herramientas, como las raciones que debe consumir a lo largo del día o las características de la alimentación saludable. En esta línea, los registros dietéticos, donde la persona escribe todo lo que bebe y come, son una herramienta de autocontrol y ayudan a integrar la nueva pauta dietética.

Ver tabla: Ejemplo de registro de 24h

Es importante tener también un control sobre el tiempo, la frecuencia y el tipo de actividad física que se realiza a lo largo de la semana.

 

3. Terapias complementarias

Las terapias complementarias pueden ser útiles en el tratamiento del sobrepeso y la obesidad, sobre todo como potenciadoras de la capacidad de seguimiento del plan de alimentación.

En muchos de casos el exceso de peso va ligado a un estado de ansiedad y de estrés que se traduce en la necesidad —y no en el hambre— de ingerir alimentos que no es preciso preparar. A menudo estas personas optan por la bollería industrial, los embutidos, el pan con mantequilla o el chocolate, alimentos de alto contenido energético. Estas ingestas suelen hacerse fuera de las comidas y no están contempladas en su plan de alimentación, de forma que aumenta mucho la aportación energética habitual y favorecen el fracaso del tratamiento.

Existen muchos tipos de terapias complementarias, entre las cuales destacan la reflexoterapia podal y la acupuntura, que ayudan a controlar la ansiedad y facilitan la adhesión de la persona al tratamiento.

¿Qué hay que saber sobre las terapias complementarias?

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Sobrepeso y obesidad en las etapas del ciclo vital
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La alimentación en las diferentes etapas del ciclo vital se basa en los mismos criterios que la alimentación saludable, con algunas variaciones más cuantitativas que cualitativas.

El sobrepeso y la obesidad en las etapas del ciclo vital: 1. Infancia; 2. Adolescencia; 3. Adultez; 4. Vejez.

 

1. El sobrepeso y la obesidad en la infancia

 

 

La valoración del sobrepeso y la obesidad es más difícil en niños y adolescentes que en adultos, debido a los cambios que se producen durante el crecimiento y en las variaciones de los diferentes parámetros antropométricos (peso, altura, complexión, etc.). Por esta razón no debe utilizarse un valor absoluto para expresar los límites de la normalidad o el grado de obesidad, sino que estos límites deben relacionarse con los valores de referencia para la edad, el sexo y la talla. En la actualidad existe un consenso razonable para definir la obesidad infantil a partir de valores del IMC superiores al valor específico para la edad y para el sexo del percentil 95 (p95) en las tablas de referencia, y para el sobrepeso, a partir del p85.

Patrones de crecimiento según la OMS

Internacional Association for the Study of Obesity

La obesidad infantil es un problema en aumento en nuestra sociedad, vinculado a los cambios de hábitos que se han producido. La gran oferta de productos alimentarios de gran densidad calórica que, potenciados por la publicidad, son muy atractivos para la población infantil, y la vida sedentaria de muchos niños propiciada por las horas de televisión y ordenador, entre otras actividades pasivas, tienen una gran responsabilidad en este problema siempre que haya una predisposición genética.

Recomendaciones

A partir de la alimentación habitual del niño, deben corregirse errores y reconducir la alimentación para que sea saludable. Los principales errores que se observan en esta etapa y las soluciones están en la siguiente tabla:

Errores Recomendaciones
Omisión del desayuno Planificar un desayuno ligero antes de salir de casa (leche semidesnatada con cereales), y desayunar otra vez en la escuela (un bocadillo pequeño y una pieza de fruta).
Bajo consumo de frutas, verduras y hortalizas Sustituir los zumos de fruta por piezas de fruta. Introducir en todas las comidas verduras y ensaladas. Priorizar el consumo de fruta en los postres (macedonia natural, brochetas de fruta, etc.).
Elevado consumo de lácteos y postres lácteos (flanes, natillas, helados) Aconsejar lácteos descremados (excepto en niños menores de 2 años) o bajos en grasas y limitar los postres lácteos como flanes, natillas y helados.
Exceso de consumo de alimentos superfluos (bollería, pastelería, galletas, golosinas, etc.) Cambiar los alimentos superfluos por pan integral acompañado de quesos bajos en grasa, jamón, pavo, etc.
Elevado consumo de bebidas edulcoradas: zumos de fruta, bebidas de cola, batidos de chocolate, etc.  Potenciar como principal fuente de hidratación el agua. Las bebidas edulcoradas han consumirse esporádicamente (por ejemplo, en celebraciones).

 

  • Hacer atractivos los platos, sobre todo cuando el niño rechaza algunos alimentos (verduras, pescado, fruta, etc.).
  • El niño, siempre que tenga capacidad para hacerlo, tiene que responsabilizarse de su alimentación con el apoyo de la familia, que deberá adaptar el menú familiar a la alimentación saludable; si la familia come correctamente, la alimentación del niño se podrá adaptar fácilmente.
  • Crear un entorno favorable: no comprar alimentos que no sean convenientes para el niño, tener siempre disponibles alimentos saludables y evitar cualquier conflicto durante la comida.
  • Eliminar la grasa visible de los alimentos proteicos (la piel del pollo, la grasa visible de la ternera, del lomo, etc.).
  • Fomentar el consumo de fibra mediante cereales integrales, legumbres, frutas y verduras, puesto que aumentan la sensación de saciedad.

Consejos de salud en la infancia

 

 

 

2. El sobrepeso y la obesidad en la adolescencia

 

 

La valoración del sobrepeso y de la obesidad es más difícil en niños y adolescentes que en adultos, debido a los cambios que se producen durante el crecimiento y en las variaciones de los diferentes parámetros antropométricos (peso, altura, complexión, etc.). Por esta razón no debe que utilizarse un valor absoluto para expresar los límites de la normalidad o el grado de obesidad, sino que estos límites deben relacionarse con los valores de referencia para la edad, el sexo y la talla. En la actualidad hay un consenso razonable para definir la obesidad infantil a partir de valores el IMC superiores al valor específico para la edad y para el sexo del percentil 95 (p95) en las tablas de referencia, y para el sobrepeso, a partir del p85.

- Patrones de crecimiento según la OMS 

En general puede decirse que los errores alimentarios iniciados en la niñez prosiguen durante la adolescencia. Los adolescentes se ven influenciados por el entorno, por las amistades, por la publicidad, etc. La adolescencia es una etapa vulnerable en que la influencia familiar pasa a segundo término y, por lo tanto, se hace poco caso a los consejos de los adultos. En este sentido es fundamental, en primer lugar, seguir invirtiendo en aquellos factores protectores y de resiliencia para el adolescente (factores y conductas de protección en la adolescencia, que los hagan autónomos en la toma de decisiones).

También hay que controlar el dinero del adolescente para evitar que lo gaste en alimentos superfluos (golosinas, bollería, bebidas azucaradas o energéticas, comida rápida, snacks salados, etc.).

 

Recomendaciones

A partir de la alimentación habitual del adolescente, hay que corregir errores y reconducir la alimentación para que sea saludable. Los principales errores que se observan en esta etapa y sus soluciones están en la mesa siguiente:

Errores Recomendaciones
Omisión del desayuno Planificar un desayuno ligero antes de salir de casa (leche semidesnatada con cereales), y desayunar otra vez en la escuela (un bocadillo pequeño y una pieza de fruta).
Bajo consumo de frutas, verduras y hortalizas Introducir en todas las comidas verduras y ensaladas. Priorizar el consumo de fruta en los postres (macedonia natural, brochetas de fruta, etc.).
Elevado consumo de lácteos y postres lácteos (flanes, natillas, helados) Aconsejar lácteos descremados (excepto en niños menores de 2 años) o bajos en grasas y limitar los postres lácteos como flanes, natillas y helados.
Exceso de consumo de alimentos superfluos (bollería, pastelería, galletas, golosinas, etc.) Cambiar los alimentos superfluos por pan integral acompañado de quesos bajos en grasa, jamón, pavo, etc.
Sustituir los zumos de fruta por piezas de fruta Elevado consumo de bebidas edulcoradas: zumos de fruta, bebidas de cola, batidos de chocolate, etc. Potenciar como principal fuente de hidratación el agua. Las bebidas edulcoradas han consumirse esporádicamente (por ejemplo, en celebraciones).

 

  • Hacer atractivos los platos, sobre todo cuando el adolescente rechaza algunos alimentos (verduras, pescado, fruta, etc.).
  • El adolescente debe responsabilizarse de su alimentación con el apoyo de la familia, que deberá adaptar el menú familiar a la alimentación saludable; si la familia come correctamente, la alimentación del adolescente se podrá adaptar fácilmente.
  • Crear un entorno favorable: no comprar alimentos que no sean convenientes para el adolescente, tener siempre disponibles alimentos saludables y evitar cualquier conflicto durante la comida.
  • Eliminar la grasa visible de los alimentos proteicos (la piel del pollo, la grasa visible de la ternera, del lomo, etc.).
  • Fomentar el consumo de fibra mediante cereales integrales, legumbres, frutas y verduras, puesto que aumentan la sensación de saciedad.

Consejos de salud en la adolescencia

 

 

 

3. El sobrepeso y la obesidad en la adultez

 

 

A partir de los 18 años se considera que la persona ya es adulta, por lo tanto a la hora de clasificar el sobrepeso y la obesidad se utilizan los criterios establecidos por la SEEDO 2011.

- Factores y conductas de protección ante el sobrepeso y la obesidad

- Factores y conductas de riesgo ante el sobrepeso y la obesidad

 

En función de las características individuales, como la edad, el sexo, el grado de actividad física, los hábitos alimentarios, la profesión, los horarios, etc., y la presencia o no de enfermedades asociadas, se establece un plan de alimentación consensuado con la persona.

Consejos de salud en la adultez

 

 

4. El sobrepeso y la obesidad en la vejez

 

 

El tratamiento dietético durante la vejez se basa en los mismos criterios que en la adultez, teniendo en cuenta las necesidades nutricionales en esta etapa de la vida y las comorbilidades que pueda tener (hipertensión, hipercolesterolemia, diabetes, enfermedades cardíacas, etc.).

Para establecer el plan de alimentación es importante tener en cuenta los aspectos siguientes:

  • La situación anímica: soledad, estado de ánimo, aislamiento, depresión, etc.
  • La situación personal: nivel adquisitivo, condiciones del hogar (si hay ascensor, si la persona dispone de alguien que le cuide, etc.).
  • La capacidad de hacer vida social (relaciones sociales, salidas, viajes, comidas fuera de casa, etc.). Es preferible comer en compañía: comer solo puede conllevar comer mal o ingerir menús desequilibrados.
  • El grado de actividad que es capaz de realizar y las posibilidades de mantenerlo. Hay que luchar contra el sedentarismo, puesto que la actividad ayuda a preservar la masa muscular y mejora el ritmo deposicional, los niveles cálcicos y los niveles proteicos.
  • Las digestiones. Deben proponerse comidas de digestión fácil para mejorar la capacidad de absorción de los nutrientes.
  • Orexia. Si hay una tendencia exagerada a tener hambre (a veces a causa del aburrimiento), las distracciones pueden colaborar a paliar este deseo.
  • Dentadura. Debe mantenerse en buenas condiciones higiénicas y mecánicas. Cuando haya problemas dentales y de deglución, se puede hacer un cambio en la consistencia de la alimentación y tomar una dieta blanda o triturada, según convenga.
  • Insomnio. Un grado de actividad física diaria adecuado a la edad y situación de salud, junto con una terapia ocupacional, ayudan a llegar a la noche con un grado adecuado de cansancio que favorece el sueño. Además, hay un conjunto de recomendaciones, como tomar una infusión o alguna bebida caliente sin azúcar antes de acostarse, que pueden ayudar a dormirse. Hay que evitar los fármacos si no son necesarios.
  • En el caso de dietas modificadas en textura (por ejemplo, dietas trituradas), es conveniente mantener una buena variedad, cuidar la presentación y evitar la monotonía en los alimentos y las cocciones.

Durante esta etapa del ciclo vital es muy importante que la pérdida de peso sea muy progresiva, para evitar la disminución de la masa muscular, y potenciar la actividad física siempre que sea posible.

Pirámide de la alimentación para personas mayores de 70 años

Recomanación diaria alimentación >70 años

Recomendaciones

    • Fraccionar la alimentación en cinco o seis comidas.
    • Introducir verdura cruda o cocida en las comidas principales.
    • Consumir legumbres (judías, garbanzos y lentejas) dos o tres veces por semana.
    • Tomar de dos a tres piezas de fruta al día.
    • En caso de problemas dentales, las verduras y legumbres se pueden comer en forma de purés, y la fruta en forma de batido, pero se ha evitar el consumo de zumos de fruta naturales o envasados.
    • Consumir diariamente lácteos desnatados o bajos en grasa enriquecidos en calcio y vitamina D. Por ejemplo: un vaso de leche desnatada, un yogur desnatado y un trozo de queso bajo en grasa.
    • Comer más pescado que carne. Hay que incorporar al menos tres veces por semana el pescado azul (boquerones, caballa, sardinas, salmón, etc.).
    • Reducir las grasas de origen animal (mantequilla, grasa visible de las carnes, piel de pollo, embutidos y leche entera o derivados).
    • Consumir preferentemente carnes blancas: pollo, pavo o conejo.
    • Mantener una hidratación correcta con un consumo diario de agua de 2 a 2,5 litros. Una parte de esta agua se puede ingerir en forma de infusiones relajantes o digestivas.
    • Evitar el consumo de alcohol; si se consume debe ser de forma moderada, con un máximo de una copa de vino al día.
    • En algunos casos habrá que valorar individualmente la necesidad de tomar suplementos nutricionales (vitamina D, vitamina B12, folatos, calcio, etc.).
    • Aconsejar realizar ejercicio físico moderado diariamente, como andar, nadar, ir en bicicleta, etc.

Consejos de salud en la vejez

 

 

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Sobrepeso y obesidad y otras situaciones de vida relacionadas
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La alimentación ante las diferentes situaciones de vida está basada en los mismos criterios de la alimentación saludable, con algunas variaciones más cuantitativas que cualitativas.

El sobrepeso y la obesidad en: 1. El embarazo; 2. El amamantamiento materno; 3. La menopausia

 

1. El sobrepeso y la obesidad en el embarazo

El embarazo es una situación fisiológica de riesgo para aumentar de peso, y el control de la ganancia ponderal forma parte de los protocolos sanitarios de seguimiento de la mujer gestante. Ganar demasiado peso durante el embarazo incrementa el riesgo de hipertensión arterial gestacional (link embarazo/problemas de salud/2donde trimestre/punto2.2), de diabetes gestacional (link diabetes/ tipo/gestacional), de parto prolongado, de cesárea y de retención del peso ganado. Ganar mucho peso puede hacer que el futuro bebé nazca también con mucho peso (> 3,5 kg), hecho que se considera un factor de riesgo para desarrollar una obesidad durante la infancia. Por otro lado, una ganancia ponderal inferior al recomendable o que la madre sea fumadora puede hacer que el bebé nazca de bajo peso (< 2,5 kg), lo cual conlleva también un riesgo aumentado de obesidad durante la infancia y en la edad adulta, de resistencia a la insulina, del síndrome metabólico y diabetes mellitus.

La tabla siguiente muestra la ganancia de peso recomendada durante la gestación en función del IMC en el inicio del embarazo:

IMC anterior al embarazoAumento de peso recomendado
Normopeso 18,5-24,9 kg 11,5-16 kg
Peso bajo < 18,5 kg  12,5-18 kg
Sobrepeso > 25 7-11,5 kg
Peso normal (gemelos) 16-20 kg
Peso normal (trillizos) 23 kg

Fuente: Errasti, T.; Muñoz, M.; Córdoba, M. “La nutrición durante el embarazo.” En: Aranceta, J.; García-Jalón, I.; Muñoz, M. Nutrición aplicada y dietoterapia. 2ª edición. Ed. Eunsa, 2004. Cap. 33

 

Durante el embarazo está contraindicado realizar dietas de adelgazamiento. Los objetivos del tratamiento dietético de la mujer embarazada con sobrepeso u obesidad son los mismos que los de mujeres en la misma situación fisiológica con normopeso:

  • Cubrir las necesidades nutricionales de la mujer.
  • Satisfacer las demandas nutritivas fetales, para permitir el crecimiento y desarrollo normal del feto.
  • Optimizar el parto.
  • Preparar la lactancia materna.
  • Controlar la ganancia de peso (teniendo en cuenta el IMC del inicio de la gestación para establecer los objetivos de ganancia de peso).

Recomendaciones

    • Seguir las recomendaciones generales de la alimentación en el embarazo.
    • Evitar los alimentos superfluos (bebidas azucaradas o zumos de fruta, comer rápido, bollería, pastelería, helados, golosinas, embutidos, etc.).
    • Utilizar el agua como principal fuente de hidratación.
    • Recordar que el consumo de alcohol y otras sustancias tóxicas (tabaco y drogas ilegales) está totalmente contraindicado.

La práctica regular de actividad física ayuda a prevenir:

  • Una ganancia ponderal excesiva.
  • La aparición de edemas de manos y pies, los calambres, las varices en las piernas, el insomnio, la fatiga y el estreñimiento.

Consejos de la alimentación durante el embarazo

 

2. La obesidad durante la lactancia materna

Durante la lactancia materna está contraindicado seguir una dieta de adelgazamiento, puesto que perder más de dos kilos mensuales puede afectar a la producción de leche materna. Para producir un litro de leche se necesitan aproximadamente 800 kilocalorías, estas kilocalorías provienen de las reservas de grasa que se han formado durante el embarazo y de la aportación nutricional durante la lactancia. Según la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC), una mujer que amamanta debe seguir las pautas de una alimentación saludable y debe practicar actividad física de forma regular: normalmente, seis meses después del parto recupera el peso habitual y pasado un año recupera el perímetro de la cintura sin la necesidad de hacer una dieta baja en calorías.

La Asociación Española de Pediatría (AEP) afirma que las mujeres que amamantan se recuperan más rápido y tienen más facilidad para volver al peso de antes del embarazo, sobre todo si la lactancia materna dura más de seis meses.

Es por este motivo que la promoción de la lactancia es una de las estrategias de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) para la prevención primaria de la obesidad.

Si se ha ganado demasiado peso durante el embarazo se recomienda:

La LM exclusiva debe mantenerse, si es posible, hasta los seis meses. Después, a la alimentación del bebé, se le añaden las comidas complementarias: aún así la Asociación Española de Pediatría (AEP) recomienda mantener la LM hasta los dos años.

Además, la lactancia materna tiene beneficios para la salud infantil: tomar leche materna durante un tiempo prolongado se asocia a una menor prevalencia de enfermedades como la obesidad infantil, la diabetes, las caries dentales, las enfermedades de las vías respiratorias bajas, las enfermedades cardiovasculares, la enfermedad celiaca, las enfermedades auto inmunes, etc.

En el caso de lactancia artificial, la madre con exceso de peso seguirá las mismas recomendaciones que cualquier otro adulto con exceso de peso.

 

3. El sobrepeso y la obesidad en la menopausia

La menopausia es una etapa en la que muchas mujeres aumentan de peso. Este cambio se debe normalmente a las modificaciones hormonales, que pueden generar ansiedad, insomnio e irritabilidad, afectaciones que a menudo se compensan con una ingesta compulsiva, es decir, en un consumo incontrolado de alimentos en un periodo corto de tiempo que genera sentimiento de culpa. Por otro lado, también se da una redistribución de la grasa corporal del tipo androide (link a obesidad androide), hecho que conlleva, en mujeres con exceso de peso, un incremento del riesgo cardiovascular. También debido a la edad se observa una disminución del gasto energético que favorece el aumento de peso.

Recomendaciones alimentarias

    • Fraccionar la alimentación en cinco o seis comidas.
    • Introducir verdura cruda o cocida en las comidas principales.
    • Consumir legumbres (judías, garbanzos y lentejas) dos o tres veces por semana.
    • Tomar dos o tres piezas de fruta al día.
    • Consumir diariamente lácteos desnatados o bajos en grasa enriquecidos con calcio y vitamina D. Por ejemplo: un vaso de leche desnatada, un yogur desnatado y un trozo de queso bajo en grasa.
    • Comer más pescado que carne. Hay que incorporar al menos tres veces por semana el pescado azul (boquerones, caballa, sardinas, salmón, etc.).
    • Reducir las grasas de origen animal (mantequilla, grasa visible de las carnes, piel del pollo, embutidos y leche entera o derivados).
    • Consumir preferentemente carnes blancas: pollo, pavo o conejo.
    • Comer diariamente frutos secos oleaginosos (nueces, almendras y avellanas), sin sal, sin freír y sin tostar para evitar modificación que se produce de los ácidos grasos en el proceso de torrefacción.
    • Mantener una hidratación correcta con un consumo diario de agua de 2 a 2,5 litros.
    • Evitar el consumo de alcohol; si se consume debe ser de forma moderada, con un máximo de una copa de vino al día.
    • Si se tiene que comer fuera de horas, se deben elegir alimentos bajos en energía, como por ejemplo: bastoncitos de zanahoria, apio, gazpacho, zumo de tomate, yogur desnatado, etc.
    • Realizar la actividad física más adecuada en esta etapa de la vida.

Consejos de salud en la menopausia

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Problemas de salud relacionados
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La obesidad y el sobrepeso tienen una influencia evidente sobre otras enfermedades crónicas que empeoran la calidad de vida y aumentan el riesgo de muerte de la persona con exceso de peso. Hay que tener en cuenta que mantener un peso adecuado es uno de los principales factores para controlar:

1. Enfermedades cardiovasculares; 2. Hipertensión arterial; 3. Hiperlipemias; 4. Diabetes tipo 2; 5. Complicaciones respiratorias; 6. Complicaciones digestivas; 7. Complicaciones del aparato locomotor; 8. Hiperuricemia y gota; 9. Cáncer; 10. Aumento del riesgo operatorio; 11. Problemas psicológicos y sociales; 12. Trastornos cutáneos.

 

1. Enfermedades cardiovasculares

 

El exceso de peso, sobre todo el exceso de grasa abdominal, es un factor de riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, además, el exceso de peso potencia la posibilidad de desarrollar otras enfermedades que también son factores de riesgo cardiovascular. Se puede afirmar que una persona obesa tiene muchas posibilidades de sufrir un infarto o un accidente vascular cerebral debido a las patologías que se asocian, como el aumento de colesterol LDL plasmático (el “malo”), la hipertensión o la diabetes tipo 2.

Se recomienda seguir un tratamiento para el sobrepeso y para la obesidad y las pautas para mejorar el control de la situación de salud.

  

2. La hipertensión arterial

 

La obesidad contribuye a la hipertensión arterial, porque altera mecanismos como la resistencia a la insulina, incrementa el gasto cardíaco y provoca la retención sodio y agua entre otras. Las cifras de tensión arterial mejoran con la pérdida de peso.

Una de las medidas necesarias para evitar la hipertensión arterial es reducir la cantidad diaria de sal, medida que forma parte del tratamiento dietético adecuado en estos casos.

Recomendaciones alimentarias

Hay que evitar los alimentos siguientes ricos en sodio:

    • Los alimentos precocinados y congelados, las pastillas de caldo y las salsas preparadas
    • Snacks: patatas chips, frutos secos salados, etc.
    • Conservas, salazones y fumados
    • Embutidos y quesos
    • Salchichas de Frankfurt
    • Salchichas y morcilla cruda
    • Albóndigas y hamburguesas preparadas con sal (habitualmente los productos envasados traen sal)
    • Galletas y pastelería industrial
    • Agua con gas, por el alto contenido en sodio (bicarbonato sódico)

También se tiene que evitar o reducir el uso de sal para cocinar.

Se recomienda seguir un tratamiento para el sobrepeso y para la obesidad y las pautas para mejorar el control de la situación de salud.

 

3. Hiperlipemias

 

Los trastornos del lípidos, como el aumento del colesterol total y del colesterol LDL (colesterol “malo”), la disminución del colesterol HDL (colesterol “bueno”) y el aumento de los triglicéridos son frecuentes en las personas con exceso de peso y están estrechamente relacionados con las enfermedades cardiovasculares.

Recomendaciones alimentarias

    • Consumir aceite de oliva.
    • Suprimir la mantequilla y la grasa visible de las carnes.
    • Tomar lácteos desnatados (leche, quesos, etc.).
    • Comer más pescado que carne: se recomienda consumir pescado blanco y pescado azul seis o siete veces por semana.
    • Evitar carnes con grasa y charcutería.
    • Consumir preferiblemente carne blanca: pollo, pavo (sin piel) y conejo. La carne magra de cerdo se puede comer una o dos veces por semana. Esporádicamente se puede consumir carne de ternera y cordero.
    • Consumir como máximo dos o tres yemas de huevo por semana. La cantidad de claras del huevo no está limitada.
    • Aumentar el consumo de frutas y verduras.
    • Potenciar el consumo de cereales integrales (arroz, pasta, pan, etc.), legumbres y frutos secos.
    • Limitar el consumo de alcohol.

Se recomienda seguir un tratamiento para el sobrepeso y para la obesidad y las pautas para mejorar el control de la situación de salud.

 

4. Diabetes tipo 2

 

Otra patología que está relacionada con el exceso de peso y que también es un factor de riesgo de enfermedad cardiovascular es la diabetes tipo 2 (el 75 % de las personas con diabetes tipos 2 tienen exceso de peso). En el caso de sufrir una diabetes tipo 2 deben seguirse las pautas alimentarias correspondientes.

Consejos de salud para las personas con diabetes

Se recomienda seguir un tratamiento para el sobrepeso y para la obesidad y las pautas para mejorar el control de la situación de salud.

 

5. Complicaciones respiratorias

 

La obesidad puede comportar problemas respiratorios secundarios, como la apnea del sueño, un trastorno que consiste en una parada de la respiración mientras la persona duerme, durante un tiempo que oscila entre 10 y 20 segundos o más y que se puede repetir varias veces durante la noche. Este trastorno puede provocar una somnolencia exagerada durante el día y hace que el sueño sea de mala calidad; esto hace que las personas que lo sufran tengan mayor riesgo de tener accidentes de tráfico o accidentes de trabajo.

Otra situación que se puede dar es el síndrome de hipoventilación alveolar asociada a la obesidad (obesity hipoventilation syndrome, SHO), una afección que se caracteriza por una dificultad en la respiración que provoca que haya niveles bajos de oxígeno (hipoxemia) y niveles altos de dióxidos de carbono (hipercapnia) en la sangre.

Se recomienda seguir un tratamiento para el sobrepeso y para la obesidad y las pautas para mejorar el control de la situación de salud.

 

6. Complicaciones digestivas

 

Las personas obesas suelen sufrir con más frecuencia litiasis biliar (piedras en la vesícula biliar), sobre todo cuando el IMC es superior a 30.

Además, la obesidad abdominal puede ser una de las causas del incremento de la grasa que rodea el hígado (hígado graso).

También es frecuente la aparición de una hernia de hiato, una afección en la cual una porción del estómago se desplaza del abdomen al tórax, a través de un orificio que hay en el diafragma, la capa muscular que separa el tórax del abdomen y que se utiliza en la respiración.

Se recomienda seguir un tratamiento para el sobrepeso y para la obesidad y las pautas para mejorar el control de la situación de salud.

 

7. Complicaciones del aparato locomotor

 

El exceso de peso aumenta los problemas mecánicos de las superficies articulares y a menudo se producen trastornos en la columna, especialmente en mujeres posmenopáusicas. Estas situaciones propician el sedentarismo, que potencia todavía más el aumento de peso.

Se recomienda seguir un tratamiento para el sobrepeso y para la obesidad y las pautas para mejorar el control de la situación de salud.

 

8. Hiperuricemia y gota

 

El aumento de peso por una dieta inadecuada puede favorecer el aumento del ácido úrico y la gota en personas genéticamente predispuestas.

Recomendaciones alimentarias

    • Restringir el alcohol.
    • Evitar periodos de ayuno prolongado.
    • Intentar beber tres litros de agua al día.
    • Consumir carne, pescado, marisco y bebidas alcohólicas con moderación.
    • Evitar comidas copiosas.
    • Evitar el consumo de azúcar y bebidas azucaradas (zumos de fruta, bebidas refrescantes azucaradas).
    • Suprimir los alimentos que incrementan el ácido úrico cómo: marisco, pescado azul (sardinas, anchoas, caballa, sardinas en salazón, etc.), carne de caza (cerdo jabalí, liebre, perdices, etc.), vísceras y huevas.
    • Procurar no sobrepasar una ingesta diaria de más de 100 g de carne o ave o pescado.

En personas con sobrepeso y obesidad con hiperuricemia, la pérdida de peso deberá ser más prudente puesto que perder peso demasiado rápido puede desencadenar en una crisis de gota.

Se recomienda seguir un tratamiento para el sobrepeso y para la obesidad así como las pautas para mejorar el control de la situación de salud.

 

9. Cáncer

 

La obesidad es también un factor de riesgo para desarrollar varios tipos de cáncer. En la mujer, de vesícula y vías biliares, de mama y de endometrio en la posmenopausia, y en el hombre, de colon, recto y próstata.

Consejos de salud para las personas con cáncer

Se recomienda seguir un tratamiento para el sobrepeso y para la obesidad así como las pautas para mejorar el control de la situación de salud.

 

10. Aumento del riesgo operatorio

 

El riesgo operatorio aumenta en personas obesas por diferentes motivos, entre los cuales destacan la insuficiencia respiratoria —que es bastante frecuente especialmente cuando la obesidad es importante—, problemas en la cicatrización y recuperaciones más lentas por la dificultad de moverse.

Se recomienda seguir un tratamiento para el sobrepeso y para la obesidad y las pautas para mejorar el control de la situación de salud.

 

11. Problemas psicológicos y sociales

 

La obesidad aumenta el riesgo de sufrir trastornos del comportamiento alimentario, como la anorexia nerviosa, la bulimia y el trastorno por atracón, entre otros. A menudo estos trastornos afectan a adolescentes o incluso a preadolescentes que empiezan a dejar de comer porque no aceptan su figura o tienen miedo de aumentar de peso —estos casos precoces suelen ser el inicio de un trastorno del comportamiento alimentario en algunas personas predispuestas.

Además, hay una discriminación social hacia las personas obesas que empieza ya en la escuela, donde los niños obesos no son aceptados por los compañeros, con consecuencias muy negativas como el fracaso escolar. Por otro lado, también existe discriminación a la hora de conseguir un trabajo.

Todas estas circunstancias pueden desencadenar en depresiones, y hay que tener en cuenta que los fármacos antidepresivos pueden agravar el problema, puesto que pueden suponer un aumento de peso. Por esto es muy importante una atención integral y coordinada por parte de todas las personas del entorno de la persona afectada (familia, escuela, enfermera, médico, psicólogo, etc.).

Hay un porcentaje elevado de personas con obesidad en la población actual y muy a menudo necesitan medicarse para controlar los factores de riesgo que presentan (hipertensión, hipercolesterolemia, diabetes, etc. ) y realizar visitas de seguimiento, además, las hospitalizaciones de personas con obesidad son frecuentes; todos estos factores indican que se trata de una enfermedad con un gasto sanitario fuerza elevada.

 

12. Trastornos cutáneos

 

El exceso de peso conlleva dificultades para eliminar el calor del cuerpo de forma eficiente, un aumento de la sudoración y acumulaciones líquido (edemas) en los pies y en los tobillos.

Se recomienda seguir un tratamiento para el sobrepeso y para la obesidad y las pautas para mejorar el control de la situación de salud.

 

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Factores y conductas de protección
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  1. Asociados a mantener el peso adecuado
  2. Asociados al control de la situación de salud

 

1. Asociados a mantener el peso adecuado

 

Como en otras muchas enfermedades crónicas, la prevención de la aparición de la obesidad consiste en llevar un estilo de vida saludable a lo largo de todas las etapas de la vida, en llevar una alimentación saludable y en practicar de manera regular ejercicio físico. Así, pues, para prevenir el exceso de peso, especialmente las personas con antecedentes familiares de sobrepeso, es necesario:

    • Realizar una alimentación adecuada y evitar un exceso de aportación energética.
    • Restringir los alimentos energéticos y superfluos como la bollería, la pastelería, etc.
    • Evitar el exceso de grasas animales (mantequilla, manteca, embutidos, quesos, etc.) y potenciar el consumo de aceite oliva.
    • Fraccionar la alimentación en cinco o seis comidas al día para evitar picar entre horas o hacerlo menos a menudo.
    • Moderar el consumo de alcohol.
    • Preferir como fuente de hidratación el agua y las infusiones y evitar el consumo de bebidas azucaradas y estimulantes.
    • Practicar actividad física diariamente teniendo en cuenta la edad, el sexo y la situación de salud de cada persona.
    • Evitar las dietas milagrosas e inadecuadas que conducen a una pérdida de peso rápida y favorecen el efecto rebote.
    • Evitar los estados de ansiedad que pueden conllevar ingestas compulsivas.
    • Controlar la ganancia de peso durante el embarazo, la lactancia y la menopausia, puesto que son situaciones que pueden favorecer el aumento de peso.
    • Potenciar la lactancia materna, que contribuye a prevenir el exceso de peso tanto de la madre como del bebé.
    • Potenciar las comidas en familia o en compañía para evitar comer solo y para intentar que toda la familia coma lo mismo.
    • Controlar la alimentación cuando se come a menudo fuera de casa, ya sea por cuestiones laborales como sociales.

 

2. Asociados con el control de la situación de salud

    • Responsabilizarse y participar activamente en el control del sobrepeso o de la obesidad.
    • Adoptar un estilo de vida saludable, que incluya un tratamiento como la dieta y el ejercicio físico programado.
    • Controlar el peso semanalmente o quincenalmente; controlar el peso diariamente es innecesario y puede implicar conductas obsesivas.
    • Controlar regularmente la presión arterial y los niveles de glucemia, colesterol y triglicéridos, puesto que el exceso de peso es un factor de riesgo de sufrir estas alteraciones.
    • Usar fuentes de información fiables y evitar el consumo de productos o dietas milagrosas.
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Factores y conductas de riesgo
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La obesidad, como otras muchas patologías, tiene un origen multifactorial, en el cual intervienen diferentes factores que provocan en una persona genéticamente predispuesta un aumento de peso por encima de lo deseable. El factor genético, ligado a factores externos como la alimentación inadecuada y la vida sedentaria, son la causa más frecuente del exceso de peso.

Es evidente que hay factores de riesgo, como la predisposición genética, que no se pueden modificar. Pero la mayoría de factores externos sí que se pueden reconducir, tanto para tratar la alteración de peso como para prevenirla. Así, pues, podemos dividir los factores de riesgo en dos categorías:

  1. Factores de riesgo no modificables 
  2. Factores de riesgo modificables

 

1. Factores de riesgo no modificables

 

  • Predisposición genética
  • Factores hormonales.

    La menopausia es una etapa en la cual muchas mujeres aumentan de peso. Este cambio se debe normalmente a las modificaciones hormonales, que pueden generar ansiedad, insomnio e irritabilidad, afectaciones que a menudo se compensan con una ingesta compulsiva, es decir, en un consumo incontrolado de alimentos en un periodo corto de tiempo que genera sentimiento de culpa. Por otro lado, también se da una redistribución de la grasa corporal del tipo androide, hecho que conlleva, en mujeres con exceso de peso, un incremento del riesgo cardiovascular.

    Consejos ante el sobrepeso en la menopausia

  • La edad, puesto que aumenta el riesgo de sobrepeso y de obesidad. También debido a la edad se observa una disminución del gasto energético que favorece el aumento de peso.

  • Raza y procedencia geográfica.

    Hay una mayor prevalencia de exceso de peso en personas latinoamericanas y de raza negra en comparación con personas de raza blanca, sobre todo con respecto a las mujeres.

 

2. Factores de riesgo modificables

 

  • Aumento de peso.

    Debería mantenerse un peso estable y dentro de la normalidad; en el caso sobrepeso hay que seguir un tratamiento con la ayuda de un experto en nutrición. Está demostrado que las personas con variaciones de peso constantes debidas a varios tratamientos para adelgazarse son más susceptibles de ganar peso con facilidad.

  • Hábitos alimentarios.

    Debe ponerse especial atención cuando en una familia hay una o más personas con exceso de peso para insistir en unos hábitos saludables desde la infancia, puesto que una alimentación inadecuada durante esta etapa es una de las causas principales de la obesidad en la adultez.

  • Errores en los hábitos alimentarios.

     Es frecuente que las personas con exceso de peso cometan los errores alimentarios siguientes:
    • Alto consumo de azúcares: consumo elevado de galletas, chocolate, pastelería, bollería, helados, etc.
    • Ingesta elevada de grasas saturadas: carnes rojas (cordero, buey, ternera, cerdo), embutidos, mantequilla, nata, quesos curados y cremosos.
    • Consumo elevado de bebidas azucaradas y de alcohol.
    • Ingesta insuficiente de fibra: bajo consumo de fruta, verduras, hortalizas y legumbres. 
  • Estilo de vida sedentaria.

    Junto con la alimentación inadecuada, la vida sedentaria es uno de los factores de riesgo mas importantes. Es conveniente promover el ejercicio físico en los niños, tanto en las escuelas como en el ámbito familiar, y limitar las horas de televisión, videoconsola, ordenador, etc. Estimular a las persones adultas a aumentar la actividad física y potenciar un estilo de vida activo (utilizar menos el coche, subir las escaleras y hacer ejercicio regularmente).

  • Trabajar por la noche.

    Es muy frecuente encontrar personas que han empezado a aumentar de peso con trabajos nocturnos. Las personas que trabajan por la noche suelen llevar más descontrol en las ingestas. Estas personas pueden dormir toda la mañana y levantarse a la hora de comer sin hambre; entonces, a media tarde tienen mucha hambre y consumen sobre todo alimentos que no necesitan preparación, como la bollería, bocadillos, etc. A menudo no encuentran el momento de comer fruta, verdura o legumbres. Este desorden propicia desequilibrios alimentarios y un aumento de peso en personas predispuestas.

    Consejos para una alimentación saludable en turnos de trabajos nocturnos 

  • Ausencia de lactancia materna.

    La lactancia materna tiene beneficios relativos a la salud infantil: seguir la lactancia materna durante un tiempo prolongado se asocia a una menor prevalencia de enfermedades como la obesidad infantil, la diabetes, las caries dentales, las enfermedades de las vías respiratorias bajas, las enfermedades cardiovasculares, la enfermedad celiaca, las enfermedades auto inmunes, etc. La promoción de la lactancia es una de las estrategias de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) para la prevención primaria de la obesidad. 

  • Otros factores personales:
    • Factores psicológicos, Los estados de ansiedad y depresivos pueden potenciar una alimentación inadecuada, tanto con respecto a la cantidad como al tipo de alimentos.
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Información general

Descripción
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La obesidad es un aumento de peso causado por un exceso de grasa corporal en relación con el peso estándar, que está determinado fundamentalmente por el sexo, la talla y la edad.

Se considera normal un porcentaje de grasa en el cuerpo del 12 % al 20 % en hombres y del 20 % al 30 % en mujeres; por encima del 25 % en hombres y del 33 % en mujeres se considera obesidad.

La obesidad y el sobrepeso, asociados durante mucho tiempo al bienestar físico y económico, actualmente se consideran respectivamente una enfermedad crónica y un factor de riesgo, por las consecuencias graves que conllevan para la salud y para la calidad de vida.

 

La obesidad y el sobrepeso son actualmente el quinto factor de riesgo de muerte en el mundo, puesto que aumentan las posibilidades de sufrir diabetes tipo 2, cardiopatía isquémica (angina de pecho o infarto), algunos tipos de cáncer, hipertensión arterial, apnea del sueño o ictus (apoplejía), entre otras enfermedades y trastornos.

Cabe destacar que el aumento de peso no se corresponde siempre con una obesidad. Las personas con la masa muscular muy desarrollada (los culturistas y algunos deportistas) sin ser obesos pueden tener un peso que con las fórmulas habituales se consideraría sobrepeso o, incluso, obesidad.

Hay otras situaciones en las que el peso puede aumentar sin que incremente la grasa; por ejemplo, algunas enfermedades cursan con un aumento de los líquidos corporales, como los edemas, tanto los generalizados (el anasarca) como los localizados, por ejemplo, en la cavidad peritoneal (ascitis) o en las piernas (frecuentes en algunas enfermedades cardíacas, renales y circulatorias, entre otras).

Para cuantificar el aumento de peso de una persona y saber en qué casos corresponde a un sobrepeso o a una obesidad se pueden emplear diferentes métodos y fórmulas.

Actualmente la fórmula más utilizada es el IMC (índice de masa corporal) o índice de Quételet, que se basa en la relación peso/talla. 

           peso (kg)
IMC = ---------------         Cálculo del IMC

           talla (m2)

 

Clasificación del sobrepeso y la obesidad según el IMC

Según el resultado del cálculo del IMC, la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) establece la clasificación siguiente:

Clasificación IMC
Peso normal 18,5 – 24,9
Sobrepeso grado I 25,0 - 26,9
Sobrepeso grado II (preobesidad)  27- 29,9
Obesidad grado I 30,0 – 34,9
Obesidad grado II 35,0 – 39,9
Obesidad grado III (mórbida)  40 - 49,9
Obesidad grado IV (extrema) ≥ 50

Fuente: Tabla SEEDO 2011 (modificada por las autoras)

 

Como se puede observar, a partir de un IMC de 25 a 29,9 se considera que la persona sufre sobrepeso. Con un IMC de 30, la persona ya se considera obesa.

 

 

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Etiología
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Es difícil establecer un único factor desencadenante del exceso de peso. Parece ser que se debe a una interacción entre genes y ambiente. Se sabe que hay más de 430 genes implicados en el exceso de peso.

El exceso de aportación energética y la carencia de actividad física asociados a una predisposición genética determinada que presentan algunas personas explicarían el aumento de la prevalencia de la obesidad. Por lo tanto, puede decirse que la obesidad tiene un origen multifactorial.

1.1 Factores genéticos; 1.2 Factores ambientales y estilos de vida; 1.3 Factores psicológicos; 1.4 Factores fisiológicos; 1.5 Factores médicos.

 

1.1 Factores genéticos

Existen algunos tipos de obesidad de origen genético que se asocian a problemas de desarrollo físico e intelectual, como por ejemplo el síndrome de Prader Willi, que no tienen relación con la gran mayoría de obesidades.

En la actualidad se habla de la implicación de más de 400 genes en la etiología de la obesidad.

 

1.2 Factores ambientales y estilos de vida

En personas predispuestas genéticamente al exceso de peso, los factores ambientales y un estilo de vida no saludable pueden ser los desencadenantes del inicio del problema. Entre los factores más frecuentes destacan:

  • Excederse en la aportación energética. Consumir habitualmente más energía de la que el cuerpo requiere, mediante alimentos de elevada densidad energética (dulces, bollería y pastelería, bebidas azucaradas, bebidas alcohólicas, embutidos, quesos grasos, etc.). Los malos hábitos alimentarios pueden causar obesidad, incluso en personas que no comen grandes cantidades pero que optan por alimentos ricos en azúcares y en grasas saturadas.
  • Llevar una vida sedentaria. Es frecuente el aumento de peso en personas que han dejado de hacer deporte o que pasan de una vida activa al sedentarismo (por reposo en la cama por enfermedad o por problemas musculares u óseos como la artrosis, fracturas, etc.). La carencia de actividad física habitual también es un factor de predisposición.
  • Dormir poco. Dormir menos de 5 horas al día y trabajar de noche son factores de riesgo de obesidad y de diabetes tipo 2.
  • Dejar de fumar. El abandono del tabaco a veces conlleva un incremento del peso, de entre 2 y 10 kg si la persona sustituye el tabaco por alimentos. Esta situación es muy frecuente debida a la ansiedad que puede comportar este cambio de hábito.
  • Realizar algún cambio vital que conlleve un cambio de trabajo, un cambio de clima o de país, una separación traumática, problemas familiares. Es frecuente ver personas que aumentan de peso al hacerse cargo de algun familiar enfermo. También se puede observar personas emigrantes que después de una larga temporada en el país de acogida aumentan de peso.
  • Perder peso de manera inadecuada y rápida, puesto que puede provocarse el efecto rebote. Las dietas milagrosas propician esta situación:

    - ¿Cómo identificar un producto, un método o una dieta "milagro"?

 

1.3 Factores psicológicos

Hay factores psicológicos que pueden influir en el hambre. Hay personas que compensan los estados de ansiedad con ingestas a veces exageradas. Algunos trastornos psicológicos pueden conllevar formas de comer compulsivas (atracones), ingestas nocturnas o necesidad de comer determinados alimentos —especialmente los productos de pastelería o de bollería. Las depresiones pueden causar obesidad, por los efectos secundarios de algunos tratamientos farmacológicos y también, en algunos casos, por un cambio en los hábitos alimentarios.

 

1.4 Factores fisiológicos

A lo largo de las etapas de la vida, puede haber diferentes factores hormonales o cambios en la composición corporal que pueden favorecer el aumento de peso si no se controla.

  • Embarazo y lactancia materna. Durante el embarazo el organismo se encuentra en una situación de anabolismo que predispone al aumento de las reservas de grasa. Esta situación se relaciona, a veces, con un aumento del hambre y con un control bajo de la alimentación, factores que pueden propiciar un aumento de peso por encima del recomendado.
    Consejos de salud en el embarazo
    Consejos de salud en la lactancia

  • Envejecimiento. En esta etapa se observa una disminución de la masa muscular, que comporta una disminución del metabolismo basal y del gasto energético. Estos factores pueden estar ligados al aumento de peso.
    Consejos de salud en la vejez

  • Menopausia. Debido a la disminución de estrógenos puede darse una redistribución de la grasa corporal, que se localiza principalmente en la zona central, con aumento de peso o sin él.
    Consejos de salud en la menopausia

 

1.5 Factores médicos

Algunas enfermedades endocrinas como el hipotiroidismo (disminución de la función de la glándula tiroides) o el síndrome de Cushing o los tratamientos prolongados con algunos medicamentos (antidepresivos, glucocorticoides, antiinflamatorios no esteroidales (AINE), la insulina, etc.) pueden favorecer el aumento de peso.

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Epidemiología
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La obesidad es una patología que actualmente crece de manera importante en cuanto a la incidencia en la población, hasta el punto que la OMS la ha calificado de pandemia del siglo XXI, tanto en los países desarrollados como en los que se encuentran en vías de desarrollo.

Mil millones de adultos sufren sobrepeso y más de 300 millones son obesos. Si no se actúa, se superarán los 1.500 millones el 2015. Cada año mueren, como mínimo, 2,6 millones de personas por la obesidad o el sobrepeso. Aunque anteriormente se consideraba un problema limitado a países de rentas altas, en la actualidad el sobrepeso y la obesidad también están presentes en países de rentas bajas y medias.

 

El 65 % de la población mundial vive en países donde el sobrepeso y la obesidad causan más muertos que el peso bajo. Entre estos países se incluyen todos los de rentas altas y medias. El 44 % de los casos mundiales de diabetes, el 23 % de cardiopatías isquémicas y entre el 7 y el 41 % de algunos cánceres son atribuibles al sobrepeso y a la obesidad.

En España, según la Encuesta Nacional de Salud 2011-2012 del Instituto Nacional de Estadística, un 17 % de los adultos de 18 años o más sufre obesidad y un 37 % presenta sobrepeso. La obesidad ha aumentado del 7,4 % al 17 % en los últimos 25 años.

Con respecto a la infancia y a la adolescencia, los datos más recientes proporcionados por el estudio nacional Aladino (2011) manifiestan que el 44,5 % de niños entre 6 y 10 años presentan un exceso de peso. Son datos bastante preocupantes si se tiene en cuenta que la obesidad infantil es uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI. Los niños con sobrepeso probablemente se convertirán en adultos obesos y, en comparación con los niños con un peso normal, tienen más probabilidades de presentar, en edades más tempranas, diabetes y enfermedades cardiovasculares, asociadas a un aumento de la probabilidad de muerte prematura o de discapacidad.

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Tipos
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El exceso de peso se puede clasificar según los siguientes criterios:

  1. El grado (a partir del cálculo del IMC)
  2. La distribución de la grasa corporal: obesidad androide y obesidad ginoide

 

1. El grado

A partir de un IMC igual o superior a 27 existe un riesgo incrementado de comorbilidades y de muerte, especialmente si la distribución adiposa es androide; este riesgo se puede agravar si aumenta el IMC.

En el caso de IMC igual o superior a 40 —considerado obesidad mórbida y extrema— aumenta el fracaso terapéutico con las medidas dietéticas habituales y se plantean otros tratamientos, especialmente la cirugía bariátrica.

 

2. Distribución de la grasa corporal: obesidad androide y obesidad ginoide

No sólo es importante conocer la cantidad de grasa corporal (adiposidad) que tiene una persona, sino también su distribución en el organismo. Según este criterio la obesidad puede ser androide y ginoide.

 

2.1 Obesidad androide

Es más frecuente en hombres, también se la denomina obesidad abdominal o de tipo manzana. Esta distribución de la grasa se puede presentar tanto en situaciones de sobrepeso como de obesidad. Se caracteriza por acumular la masa adiposa en la parte superior del cuerpo, alrededor de la cintura; la grasa es subcutánea y perivisceral, es decir, que rodea las vísceras como el corazón, el hígado, etc. La obesidad androide está estrechamente relacionada con el síndrome metabólico, también conocido como síndrome X o síndrome de la resistencia a la insulina (situación en la cual el cuerpo no puede usar la insulina eficazmente); como consecuencia, pueden elevarse los niveles de grasas y glucosa en sangre. Este síndrome puede ir acompañado también por un aumento de los niveles de tensión arterial. Todo ello supone un factor de riesgo de enfermedad cardiovascular.

Obesidad androide

Obesidad androide en forma de manzana

Fuente: : R.Rigolfas i E.Blanco

 

Según la National Cholesterol Education Program Adult Treatment Panell III (NCEP ATP-III), para diagnosticar el síndrome metabólico es necesario que se cumplan tres o más de los criterios siguientes:

Perímetro de la cintura:  > 102 cm ♂ y > 88 cm ♀
Triglicéridos: ≥ 150 mg/dl
HDL colesterol: < 40 mg/dl ♂ y < 50 mg/dl ♀
Presión arterial: ≥ 130/85
Glucosa plasmática: ≥ 110 mg/dl

 

El síndrome metabólico comporta un alto riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular, como por ejemplo por infarto de miocardio.

Según el perímetro de la cintura, puede valorarse el riesgo cardiovascular en personas que presentan obesidad abdominal.

Valores de riesgo cardiovascular según la distribución de la grasa corporal. Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO)
Circunferencia cintura Hombres Mujeres
Valores límite  > 95 cm  > 82 cm
Valores de riesgo elevado  > 102 cm > 90 cm

 

2.2 Obesidad ginoide

Es frecuente en mujeres con actividad ovárica, es decir, en edad fértil. Presenta un aumento de grasa en la parte inferior del cuerpo (caderas y piernas); esta distribución probablemente está ligada a los estrógenos (hormonas producidas principalmente por los ovarios). Las consecuencias más habituales de este tipo de obesidad son motoras, relacionadas con la dificultad de movimiento como la artrosis de columna o de rodillas, y problemas circulatorios como varices a las extremidades inferiores.

Esta distribución de grasa puede presentarse tanto en situaciones de sobrepeso como de obesidad.

Obesidad ginoide

Obesidad ginoide en forma de pera

Fuente: R.Rigolfas i E.Blanco

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Consejos de la enfermera

Respirar
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La obesidad puede provocar insuficiencias respiratorias sobre todo por una causa mecánica: el aumento del volumen abdominal provoca un incremento de la presión ejercida por los órganos abdominales sobre el diafragma que, a su vez, limita la expansión de los pulmones. Además, hay que añadir que el depósito de grasa a la pared torácica y abdominal imposibilita todavía más la dinámica normal de la respiración. Esta cadena de acontecimientos favorece la aparición o la agravación de problemas respiratorios y está estrechamente relacionada con el aumento de peso: cuanto mayor sea el peso más dificultades para respirar. Evidentemente, el cuadro mejora con la pérdida de peso.

Por otro lado, debido a este mayor riesgo de enfermedades respiratorias, el tabaco está absolutamente contraindicado. Es importante que la persona obesa deje de fumar, a pesar de que a veces representa un gran esfuerzo cambiar los hábitos alimentarios y a la vez abandonar el hábito de fumar.

 

Está demostrado que dejar de fumar puede suponer un aumento de peso de entre 2 y 10 kg —si la persona fumadora sustituye el tabaco por alimentos, situación muy frecuente debido a la ansiedad—, pero a largo plazo la preocupación por la salud que provoca el abandono del tabaco probablemente motivará al exfumador a adquirir hábitos alimentarios más saludables y a hacer ejercicio para propiciar la pérdida de peso, puesto que son los pilares del tratamiento y del control de salud del sobrepeso y la obesidad.

Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permiten adoptar medidas saludables en relación a la actividad de la vida diaria de:

Respirar

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Comer y beber
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Un plan de alimentación individualizado para promover un déficit diario de 500 a 1.000 kilocalorías es la base de cualquier programa para conseguir una perdida de peso, que debería ser de 0,5 a 1 kg semanal.

En el tratamiento del sobrepeso y la obesidad es importante hacer una dieta fraccionada, es decir distribuida en cinco o seis comidas para evitar comer fuera de las comidas (picar), y adaptada a:

 

Alimentos aconsejados en una dieta hipocalórica

    • Leche y derivados. Hay que consumir diariamente lácteos desnatados o bajos en grasa. Por ejemplo: un vaso de leche desnatada, un yogur desnatado y un trozo de queso bajo en grasa.
    • Carnes magras: pollo, pavo o conejo, de 100 a 125 g por ración.
    • Pescado. Debe comerse más pescado que carne e incluir el pescado azul, fuente de omega-3, en la dieta, de 125 a 150 g por ración.
    • Comer dos o tres huevos por semana.
    • Farináceos, preferentemente integrales.
    • Legumbres, dos o tres veces por semana.
    • Frutos secos. Se aconsejan pero con moderación (una ración de 25 g de nueces, avellanas , almendras, etc.).
    • Verduras, sin restricción.
    • Fruta. Hay que comer las piezas enteras y evitar zumos de fruta naturales y comerciales.
    • Aceites y grasas. Debe priorizarse el aceite de oliva y evitar las grasas animales (mantequilla, manteca de cerdo, crema de leche, nata, etc.).
    • Para comer entre horas se recomiendan: frutos secos naturales (deben evitarse los tostados y fritos), infusiones edulcoradas, caldos vegetales, bastoncillos de zanahoria, apio, fruta fresca o yogur desnatado.
    • Beber aproximadamente de 2 a 2,5 litros de agua al día (si no hay contraindicación). Excepcionalmente se pueden tomar bebidas light.
    • El alcohol está contraindicado.

Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permiten adoptar medidas saludables en relación a la actividad de la vida diaria de:

Comer y beber

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Moverse y mantener una postura corporal correcta
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La actividad física y el ejercicio físico son componentes indispensables en la pérdida de peso juntamente con un plan de alimentación estructurado, puesto que la práctica de actividad física aislada no tiene un papel destacado en la pérdida de peso.

La actividad física en relación con la acumulación de grasa y los problemas que se asocian conlleva los beneficios siguientes:

 

  • Favorece la pérdida de peso.
  • Ayuda a mantener el peso perdido.
  • Reduce la grasa abdominal.
  • Contribuye a la prevención de la obesidad, sobre todo infantil.
  • Reduce el colesterol total debido a la disminución del LDL (el colesterol “malo”) y del aumento del HDL (el colesterol “bueno”).
  • Ayuda a prevenir problemas respiratorios y enfermedades cardíacas.
  • Mejora la sensibilidad a la insulina, el metabolismo de la glucosa y el control metabólico de la persona con diabetes.
  • Favorece el mantenimiento de la densidad ósea.
  • Ayuda a mantener la presión arterial dentro de la normalidad y a bajarla en las personas hipertensas.
  • Mejora el estado anímico: aumenta la autoestima y disminuye la ansiedad y la depresión.

La Asociación Internacional para el Estudio de la Obesidad (IASO) recomienda:

    • Realizar de 45 a 60 minutos de actividad física diaria como acción preventiva para evitar que las personas con sobrepeso puedan evolucionar hacia la obesidad.
    • En las etapas de mantenimiento del peso perdido, dedicar de 60 a 90 minutos diarios a actividad física de intensidad moderada, para evitar la recuperación del peso perdido.

A fin de que la actividad física sea eficaz para adelgazar o para mantener la pérdida ponderal a largo plazo, sólo los ejercicios de actividad moderada o intensa, como andar a paso rápido, la natación, la bicicleta, la gimnasia aeróbica o deportes como tenis, baloncesto y fútbol, permiten conseguir el objetivo mencionado.

Consejos Actividad física recomendada para personas con obesidad

 

Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permiten adoptar medidas saludables en relación a la actividad de la vida diaria de:

Moverse y mantener una postura corporal correcta

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Reposar y dormir
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Hay estudios que demuestran que no dormir las horas adecuadas puede ser un factor de riesgo de exceso de peso. Cuando hay insomnio o interrupciones frecuentes del sueño se incrementan los niveles de cortisol, hecho que provoca un aumento del hambre. Parece que durante el insomnio se produce una situación en que aumenta el hambre y que conlleva el consumo de algunos de alimentos, como las grasas, a pesar de que todavía no hay suficientes evidencias para poder afirmarlo.

 

Sí que se puede afirmar es que algunas personas que se despiertan por la noche dicen que normalmente necesitan comer o beber para volver a dormirse. Estos suplementos energéticos nocturnos pueden provocar un aumento de peso. Por otro lado, la carencia de horas de sueño es una situación cada vez más habitual en nuestra sociedad. Hay una relación estrecha entre dormir pocas horas y un mayor riesgo de ser obeso. Es por este motivo que para prevenir la obesidad y para intentar que las personas obesas pierdan peso, junto con los cambios en el estilo de vida (dieta y actividad física), es conveniente dormir siete horas al día como mínimo.

En estos casos se aconseja:

    • Intentar calmar la sensación de hambre con agua o infusiones sin azúcar.
    • Si la sensación de hambre persiste, se recomienda tomar lácteos desnatados (un vaso de leche desnatada, un yogur desnatado, etc.) o una pieza de fruta.
    • Evitar comer galletas, helados, pasteles, embutidos, bocadillos, etc.

El insomnio o el sueño superficial no reparador pueden ser el resultado de estados de ansiedad y es conveniente consultar a un profesional de salud.

Dormir más horas de las recomendables (de siete a ocho horas al día) puede ser perjudicial para la persona obesa, puesto que el reposo excesivo supone un menor gasto energético, si no se compensa con mucho ejercicio físico.

Tampoco se recomienda hacer la siesta excepto en personas que por varios motivos duermen pocas horas por la noche (empiezan a trabajar muy temprano por la mañana u otras situaciones).

 

 

Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permiten adoptar medidas saludables en relación a la actividad de la vida diaria de:

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El estreñimiento es relativamente frecuente en las personas con exceso de peso, posiblemente debido a la falta de ejercicio físico y a una alimentación pobre en fibras (por la ausencia o por el déficit de ingesta de frutas y verduras) y líquidos. La persona con obesidad, con algunas excepciones, tiene limitada la movilidad en mayor o menor medida y esto se traduce en una carencia de ejercicio físico que potencia el aumento de peso.

 

Para evitar el estreñimiento se recomienda:

    • Seguir una alimentación rica en fibra (alimentos integrales, verduras, frutas y legumbres) teniendo en cuenta la aportación calórica indicada en cada caso.
    • Conseguir una buena hidratación. Se recomienda beber hasta dos litros diarios de agua e infusiones, si no hay contraindicaciones.
    • Regularizar el tránsito intestinal e intentar defecar regularmente a la misma hora cada día, aunque inicialmente el esfuerzo no sea productivo. Es aconsejable aprovechar el reflejo gastrocólico que se produce unos 30 minutos después de comer, que consiste en un aumento de la actividad peristáltica del colon para ayudar a desplazar el contenido, hecho que estimula al reflejo de defecación.
    • Hacer ejercicio físico regularmente (andar una hora diaria puede ser efectivo).

 

Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permiten adoptar medidas saludables en relación a la actividad de la vida diaria de:

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Evitar peligros y prevenir riesgos
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Es muy importante que la persona con sobrepeso u obesidad, realice o no un tratamiento dietético, siga las recomendaciones siguientes:

 

    • Tener en cuenta los factores y conductas protectoras relacionados con el sobrepeso y la obesidad.
    • Evitar los factores de riesgo relacionados con el sobrepeso y la obesidad.
    • Realizar controles de salud periódicos: analíticas (especialmente el perfil lipídico y controles de glucemia), control de las cifras de tensión arterial, peso, etc., puesto que la obesidad es un factor de riesgo cardiovascular y otros problemas de salud.
    • Llevar un calzado cómodo y adecuado, puesto que la persona obesa a menudo presenta patologías relacionadas con las articulaciones, especialmente de las caderas, rodillas y pies. Además, en personas con sobrepeso u obesas la presión sobre la planta de pie aumenta; mientras una presión plantar normal es de uno a dos kilogramos por centímetro cuadrado, cuando hay exceso de peso esta presión puede ser de tres a cinco kilogramos por centímetro cuadrado. Las consecuencias son, entre otras, cansancio prematuro, alteración de planta del pie y callosidades. Todo esto favorece la aparición de dolor y aumenta el riesgo de caídas.

      Consejos por el cuidado de los pies en:
    • Mantener una higiene personal cuidadosa, especialmente en verano. Las personas con sobrepeso u obesidad son propensas a tener problemas dermatológicos, principalmente en los pliegues del abdomen, en los pechos y también en los muslos, donde pueden aparecer irritaciones y ulceraciones debido a la fricción al andar.
    • Las personas obesas que sufren apnea del sueño tienen más somnolencia diurna que las personas que no la sufren, a causa principalmente de la alteración del sueño por los episodios de apnea nocturna. La somnolencia diurna aumenta el peligro de sufrir algún accidente laboral o de tráfico, por lo cual es muy importante ponerse en manos de especialistas del sueño.
    • Tener en cuenta las posibles repercusiones personales, familiares y sociales para poder hacer frente y buscar apoyo profesional si es necesario.

 

Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permiten adoptar medidas saludables en relación a la actividad de la vida diaria de:

Evitar peligros y prevenir riesgos

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Comunicarse e interactuar socialmente
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Es aconsejable que la persona con exceso de peso pueda manifestar los sentimientos o emociones a las personas más cercanas y, si es necesario, a un profesional, puesto que la obesidad es una enfermedad crónica en la que la persona debe adquirir unos hábitos de vida saludable que no puede abandonar nunca. El esfuerzo que esto conlleva en algunas personas puede suponer una coacción a su libertad y este hecho puede favorecer el desarrollo de estados de ansiedad, angustia, depresión, etc. Las relaciones sociales a veces resultan difíciles, sobre todo cuando se trata de personas jóvenes que se aíslan por la baja autoestima. Por lo tanto, se recomienda mantener, tanto como se pueda, una vida activa, teniendo en cuenta las características de cada etapa del ciclo vital: infancia, adolescencia, adultez y vejez.

Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permiten adoptar medidas saludables en relación a la actividad de la vida diaria de:

Comunicarse e interactuar socialmente

Trabajar y divertirse
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Es importante que la persona obesa tenga una vida laboral —o de estudiante en el caso de los niños y jóvenes— absolutamente normal. Esto contribuirá a mantener una vida social activa que repercutirá en la mejora de la autoestima. Se aconseja aplicar las recomendaciones relacionadas con los factores de riesgos modificables, como por ejemplo evitar trabajar en turnos por la noche.

La diversión, que es fundamental, no necesariamente debe suponer un aumento de la ingesta energética (alimentos y alcohol). Por otro lado, un plan de alimentación adecuado tiene que contemplar las pequeñas transgresiones que se pueden utilizar en momentos de ocio (celebraciones, vacaciones, salidas nocturnas, etc.).

Se recomienda tener en cuenta todos los consejos generales, que permiten adoptar medidas saludables en relación a la actividad de la vida diaria de:

Trabajar y divertirse

Tópicos y conductas erróneas
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La obesidad es una enfermedad actual. El bombardeo constante que recibe la población sobre los tratamientos dietéticos provenientes de revistas poco científicas, medios de comunicación, tratamientos en centros de estética, etc., muy a menudo llena de contradicciones, supone la adquisición de falsas creencias o mitos sobre la alimentación.

  1. Tópicos o falsas creencias más habituales
  2. Hábitos saludables para combatir algunas de las conductas erróneas que se observan en las personas con exceso de peso

 

1. Tópicos o falsas creencias más habituales:

  • El agua ni engorda ni adelgaza porque no tiene calorías. Es igual en qué momento se tome (en las comidas o fuera de ellas), la aportación calórica es 0. Tampoco tiene el poder de quemar calorías, es decir, beber mucha agua no adelgaza, a pesar de que beber agua antes de las comidas puede producir sensación de saciedad y puede ayudar a controlar la ingesta.
  • comer fruta después de las comidas no engorda ni más y ni menos que comer entre horas porque la fruta siempre tiene las mismas calorías. La idea de que comer fruta después de las comidas engorda no tiene ninguna base científica y ha generado mucha confusión y algunos problemas, porque hay personas que, basándose en este criterio, han dejado de comer fruta puesto que no están acostumbradas a comerla entre horas.
  • El pan no engorda. El pan como cualquiera otro alimento contiene energía y su abuso puede estar relacionado con el aumento de peso. Sí que es cierto que el pan suele ir acompañado otros alimentos a menudo muy energéticos, como embutidos, quesos y salsas. En una dieta para perder peso, se puede incluir pan, preferiblemente integral, sobre todo para desayunar, que es la hora en la que el organismo necesita más energía.
  • Los biscotes engordan igual que el pan. Los biscotes están deshidratados (secos) porque se les ha reducido el agua. Por lo tanto, si se toman 100 g de pan y 100 g de biscotes, el pan como contiene más agua aportará menos energía que los biscotes.
  • La miga del pan engorda menos que la corteza. La miga de pan tiene mucha más humedad que la corteza y por esta razón aporta menos energía.
  • Comer rápido y de forma apresurada no engorda. Es el consumo de un exceso de calorías el que provoca un aumento del peso corporal. Aún así, las personas que comen rápidamente suelen ingerir más cantidad de alimentos.
  • La sal no engorda, porque la sal, al ser un mineral, no tiene calorías. Aun así, su consumo, sobre todo en personas con problemas cardíacos, renales o hepáticos puede producir retención de líquidos, a pesar de que retener líquidos no es sinónimo de engordarse.
  • Los suplementos vitamínicos y minerales no aumentan el peso porque no aportan calorías (energía).
  • Los laxantes no adelgazan. El punto de acción de los laxantes es en el intestino grueso, y la absorción de nutrientes se produce en intestino delgado, por lo cual no sólo no contribuyen a disminuir el peso sino que utilizarlos indiscriminadamente y sin supervisión profesional pone en peligro la salud.
  • Los alimentos light también aportan calorías. Un alimento light contiene como mínimo un 30 % menos de calorías que el alimento convencional con el que se compara. Por lo tanto, sí que aportan energía pero en menor cantidad; a pesar de que pueden contribuir en el seguimiento de una dieta en situaciones especiales, no hay que olvidar que contienen calorías, y que, por lo tanto, no hay que abusar de ellos.
  • El aceite crudo engorda igual que el aceite cocinado, puesto que el calor no modifica el contenido calórico de los aceites. Aún así, cuando el aceite se cocina sufre un proceso denominado oxidación que lo hace menos saludable, pero las calorías son las mismas, tanto crudo como modificado por la cocción.
  • La miel engorda prácticamente igual que el azúcar. Aunque el azúcar proporciona unas cuatro calorías por gramo y la miel tres, esta diferencia es irrelevante en el conjunto de calorías que se consumen diariamente.
  • Las harinas y cereales integrales tienen prácticamente las mismas calorías que los productos refinados. La diferencia consiste que los productos integrales tienen un mayor contenido de minerales, fibra y fitonutrientes (sustancias vegetales que tienen beneficios para la salud); además, la fibra posee un poder saciante, que evita comer más cantidad de otros alimentos.
  • No hay productos ni dietas milagrosos para perder peso. Actualmente existe una gran proliferación de sustancias, productos, materiales (lugares web, recursos en línea, etc.), métodos y, sobre todo, “dietas” que prometen efectos sorprendentes sobre la salud, y particularmente sobre la pérdida de peso, la mayoría sin ninguna evidencia científica. Estos “tratamientos” pueden conllevar riesgos para la salud. (ver documento "dietas milagro")

 

2. Hábitos saludables para combatir algunas de las conductas erróneas que se observan en las personas con exceso de peso:

  • Evitar los ayunos prolongados. Hacer todas las comidas del día (desayunar, almorzar, comer, merendar y cenar) sin omitir ninguna, puesto que el ayuno prolongado favorece el almacenamiento de grasas y propicia un consumo más alto en la siguiente comida.
  • Comer alimentos de todos los grupos y no eliminar ninguno. Mantener el grupo de los farináceos (pasta, arroz, pan, legumbres), puesto que a menudo por falta de conocimientos éste se excluye de las dietas.
  • Controlar las ingestas nocturnas causadas por el insomnio. En caso de despertarse y tener hambre hay que elegir alimentos de bajo contenido energético, como por ejemplo: un yogur desnatado, una fruta pequeña, vegetales como el apio y la zanahoria o un vaso de leche desnatada sin azúcar; también son muy recomendables las infusiones sin azúcar, puesto que no aportan energía.
  • Evitar las dietas monótonas, ya que suelen abandonarse y provocan ansiedad.
  • Controlar el exceso de horas de dormir, especialmente las siestas.
  • Evitar la carencia de ejercicio físico.
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Última modificación: 02/05/16 12:13h